Blog

Algunos de mis escritos

LA ROSARINA VIDA DE LAMONICA

Pedro Squillaci cuenta con el DNI propio de su generación en lo que concierne a corte de cabello. Desde Cuidamos tu cabello peluquería&libros, se respeta el estilo de cada cliente y el de Pedro, es identificativo dentro de una usanza de generaciones pasadas. Pero no se puede evitar ante la avalancha de la moda agregarle las novedosas tijeras de desmechar alternando con la navaja y la ponderada tijera de entre-sacar que pule su flequillo en toques milenials.

Pedro lo permite porque no quiere quedarse establecido definitivamente en un corte de época y porque vive el presente tomándose de las manos como puede frente las desavenencias de la vida. Ya lo dice el epígrafe elaborado por él mismo: “Cuando perdiste casi todo/ no te importa casi nada/ y eso te da más libertad”. Como un perro que mea el terreno avisando lo que se irá a contar, como la vida misma, la vida de una normalidad que lleva Juan Lamónica, en sí, un tipo cualquiera, un título certero.

Posiblemente Juan Lamónica haya usado el corte de cabello de Pedro, y en ese asunto lo describe desde las primeras páginas. Un tipo con jeans y remeras modelos aparentemente ochentosos. Un desprecio como de abandono por su figura también propio de esa generación que no todos, pero sí muchos de pantalones anchos que a mediados de los noventa, habían dejado de ser moda.

El narrador, ubicando a su personaje en pleno siglo XXI, clava el ojo sobre un personaje estancado en distintas circunstancias al nombrar al héroe máximo que representó esa generación: Charly García, alguien que como Pedro, se desmarcó de los tiempos pasados pero que Lamónica no pudo y tuvo que enfrentar una enfermedad grave para caer en la cuenta de su situación.

El taxi en el que trabaja Juan Lamónica, es el símbolo máximo de una ciudad como Rosario. Recorrerla a la manera de Juan, es la marca del ser rosarino. Los nombres de las calles, las fallas en los acentos casi siempre entre las primeras sílabas porque sí, o porque Ovidio Lagos pasó a llamarse Ovidios, por un simple hecho rosarigasino de identidad, o porque el Boulevard Seguí, es Ségui sin explicación alguna como Ituzáingo cuya batalla de tiempos pasados ya había empezado con el acento en la “o”.

Los personajes como la tía Mary, su amigo eterno el Tito, La Sole y los médicos, marcarán las pistas de las primeras páginas para empezar a recorrer las calles. Rosario Central como cuadro identificativo de una ciudad grande, define en qué lugar Pedro quiso colocarlo a Lamónica, una parcialidad que puede llevar a que otra parte de la ciudad no quiera leer el libro.

En reemplazo del Renault 12, el auto más usado por varias generaciones de taxistas, llegó el Chevrolet Corsa, desde finales del siglo XX, para quedarse hasta el 2025 estimativamente, cuando los modelos expiren ante los convenios municipales. Juan recorre esas calles desde el Corsa observando su lugar común diario, del que no ha salido nunca. Le lleva la recaudación a su patrón y llora en los tiempos de descanso adentro del Corsita como una circunstancia inexplicable sobre el sentido de la vida. ¿Es infeliz?

En pleno punto de inflexión, en donde Juan creerá que la muerte puede ser algo cercano, piensa en la Sole, su eterna novia, compañera de la vida que una noche subió al Corsita para quedarse cerca de Juan, pero nunca en una permanencia de amor concreto. El médico le diagnostica un tumor maligno en una pierna cercana a la nalga. A Juan sólo le quedarán tres meses de vida. Es el momento de ir a ver a su antigua novia, quizás su único amor. Y llegan los primeros cambios como instancia principal. En una tienda de la calle peatonal de nombre Córdoba, que define la excelencia céntrica rosarina del recorrido comercial diario, compra ropa nueva en el sentido de actual, no más década del ochenta encima de su cuerpo.

La lleva -literal- a Sole a cenar a un restaurant cerca de río Paraná (otro lugar mítico que delimita la ciudad) pide la cena sin preguntarle aunque sea qué vino querría tomar y le declara una confusa situación de amor. Pero se ofusca ante los cuestionamientos claros de la Sole, la deja en su casa y parte raudo en el Corsita.

El desconcierto de Juan ante la muerte en los actos más desesperados no aflojará la tensión. Entonces la amistad, el primer refugio rosarino en donde cualquier charla o circunstancia se forja en los bares como el centro de reunión de cualquier causa será la descarga de Juan. Si algo sobra en Rosario, son bares y ningún dueño puede jactarse del vacío de parroquianos, al contrario. El turista podrá apreciar la herencia italiana en su máximo esplendor. El café cortado, o café solo en taza pequeña y dos amigos/as en una mesa más los fines de semana cientos de amigues pululando por los cientos de bares en una previa al boliche que Juan luego llevará en el Corsita a sus casas borrachos o llorando por alguna causa perdida.

La charla entre Tito y Juan en plena confesión, entre ruidos de pocillos, entre llamadas telefónicas de la mujer de Tito y Juan sin saber bien qué decir frente a su mejor amigo hasta que se lo cuenta. La idea central: ir a vivir al mar. En el viaje de vuelta en el Corsita, Juan recuerda a otro amigo, el Chino, en un lugar al que se fue a vivir llamado Lucila del Mar.

Juan se mira constantemente frente al espejo la llaga en su pierna cerca de la nalga, el tumor que le quitará la vida. Mide las posibilidades frente los próximos noventa días y decide irse a Lucila del Mar, a vivir con el Chino, a trabajar con él, o de lo que fuera. El cambio desde la ciudad a una pequeña villa en la costa del mar será toda una experiencia nueva a vivir. Será en el mar en donde comenzará la sanación de Juan, no sólo de su enfermedad.

Dejamos al lector para que vaya de visitas a Cuidamos tu cabello peluquería&libros, a leer el libro o comprarlo en las librerías para terminar de comprender qué pudo haber pasado con Juan Lamónica, cómo terminó esa historia, ¿habrá muerto? ¿La Sole habrá ido hasta Lucila del mar para vivir con Juan? Preguntas que podremos responder desde Cuidamos tu cabello peluquería&libros, explicando qué quiso decir Pedro en tal pasaje o qué hizo con el Corsita. El café cortado de pocillo que también funciona en la peluquería casi como en un bar en donde Pedro nos visita asiduamente para embellecer su DNI ochentoso con toques milenials, podrá servir como oportuno para contarle al lector casual, que está conformando otro libro de nombre “Por el ojo de la cerradura” con envíos por capítulos para la revista “De coplas y de viajeros”, cuyo sitio web podrán visitar para ver los adelantos.

 

Reseña Nº1 

Escribió para Cuidamos tu cabello peluquería&libros, el coiffeur Pablo Bigliardi.      

                                   

Pedro Squillaci, Un tipo cualquiera

Novela, 94 páginas

Editorial Homo Sapiens, 2017

Podés encontrarlo en Facebook: https://www.facebook.com/pedro.squillaci

Instagram: https://www.instagram.com/pedrosquillaci/?hl=es-la